M.R.G. | Madrid ||
El vino de alta gama representa apenas el 1,5% del volumen mundial del vino, pero concentra el 11% de su valor. El dato, elaborado por Círculo Fortuny a partir de cifras de Bain & Company para Altagamma, evidencia la capacidad del segmento
fine wine para generar valor a partir del origen, la calidad, la exclusividad, la reputación y la experiencia asociada a cada botella.

Para España, uno de los grandes países productores y exportadores del mundo, esta diferencia plantea una oportunidad estratégica: avanzar desde la fortaleza del volumen hacia una mayor creación de valor de marca, internacionalización y posicionamiento en la alta gama.

El segmento internacionalmente conocido como el vino fino está valorado en 30.000 millones de euros, según los datos de Bain & Company citados por Círculo Fortuny. Su importancia no reside únicamente en el precio de las botellas, sino en la capacidad de construir una percepción de valor duradera en torno a ellas.

En este mercado, atributos como la singularidad del viñedo, el prestigio de la bodega, la disponibilidad limitada, el potencial de guarda, la presentación, la distribución y la relación con el consumidor resultan determinantes. El objetivo no es simplemente vender un vino más caro, sino conseguir que el mercado reconozca y valore aquello que hace única a una determinada referencia.

La ecuación puede resumirse así: un pequeño porcentaje del volumen concentra una proporción muy superior del valor. Para las bodegas, esto convierte la alta gama en un espacio de oportunidad, pero también de exigencia. La excelencia del producto es imprescindible, aunque ya no suficiente.

Una jornada sobre posicionamiento

El debate sobre el futuro del vino español de alta gama centró la jornada “Estrategia Fine Wine: Cómo posicionar nuestros vinos”, celebrada el 15 de septiembre en Madrid. El encuentro fue organizado por EDA Drinks & Wine Campus, integrado en el ecosistema del Basque Culinary Center, en colaboración con Círculo Fortuny.

La jornada reunió a bodegas, sumilleres y especialistas en comunicación para analizar las herramientas capaces de reforzar el reconocimiento internacional de los vinos españoles. Entre los participantes estuvieron Xandra Falcó, presidenta del Círculo Fortuny; Raquel Pérez Cuevas, presidenta de la DO Ca Rioja, Joxe Mari Aizega, director general del Basque Culinary Center; Enrique Valero, director general de Abadía Retuerta; Pablo Álvarez, director general de Tempos Vega Sicilia; y Mikel Eguren, Export Manager de Viñedos y Bodegas Sierra Cantabria.

Fine WIne Circulo Fortuny

El encuentro puso sobre la mesa cuestiones como la construcción de marcas, la relación de origen, la distribución internacional, la reputación y la necesidad de generar experiencias que conecten emocionalmente con el consumidor.

La brecha española

España es el tercer productor mundial de vino y sus bodegas exportan hasta el 75% de su producción. Sin embargo, Francia genera más de cuatro veces el valor exportador español con un volumen considerablemente menor.

La comparación muestra que el principal reto de España no consiste necesariamente en producir más, sino en capturar una mayor parte del valor que ya existe en sus vinos. Esa tarea exige fortalecer las marcas, mejorar el posicionamiento internacional y hacer más visible la singularidad de los territorios vitivinícolas españoles.

La presión sobre el modelo basado en el volumen también se refleja en la evolución reciente de las exportaciones. En el primer semestre de 2026, las ventas exteriores españolas de vino descendieron un 15,8% en volumen y un 8,2% en valor, según datos de la Agencia Tributaria analizada por la Interprofesional del Vino de España. El contexto refuerza la necesidad de avanzar hacia referencias y mercados de mayor valor añadido.

Origen, historia y autenticidad

Para Círculo Fortuny, España cuenta con los ingredientes necesarios para aspirar a un liderazgo mayor en el buen vino : legado, trayectoria, conocimiento, diversidad, territorio y excelencia. El reto está en traducir esos activos en marcas reconocibles y deseables para los consumidores internacionales.

«El mundo de la excelencia ha evolucionado. Hoy no hablamos solo de producto ni de precio, sino de saber hacer, talento, creatividad, autenticidad y capacidad de emocionar», señaló Xandra Falcó.

En el vino, esa evolución resulta especialmente significativa. Una botella de alta gama no comunica únicamente sus características organolépticas: también expresa un paisaje, una cultura, una forma de trabajo y una historia. El consumidor quiere conocer qué hay detrás del vino y por qué merece ocupar un lugar especial en su mesa o en su colección.

La identidad territorial se convierte así en uno de los principales activos de las bodegas. Un viñedo viejo, una variedad autóctona, una elaboración tradicional o una parcela singular pueden convertirse en elementos diferenciales siempre que se comunican con coherencia y credibilidad.

Una imagen propia de excelencia

“El consumidor también ha cambiado: la calidad se da por supuesta y busca cada vez más valores, experiencias y una conexión real con las marcas”, explicó Xandra Falcó.qcom

Esta transformación abre una oportunidad para que España proyecte una imagen propia de excelencia apoyada en el vino, la gastronomía, la cultura y el estilo de vida. No se trata de reproducir modelos antiguos, sino de convertir la diversidad española en una ventaja competitiva.

El país dispone de territorios vitivinícolas con perfiles muy diferentes, desde zonas atlánticas y mediterráneas hasta viñedos de montaña, paisajes continentales y elaboraciones insulares. Esa variedad puede convertirse en una narrativa internacional poderosa si se articula bajo valores comunes de calidad, autenticidad y capacidad de emocionar.

El buen vino demuestra que la creación de valor no depende solo de cuánto vino se produce, sino de cuánto significado es capaz de transmitir cada botella. Para España, el próximo gran reto es conseguir que su extraordinaria capacidad productora se traduzca en mayor prestigio, reconocimiento y valor internacional.