Jesús Rojas | Madrid |
La bodega Fuentes del Silencio lleva casi 10 años recuperando viñedos centenarios en el Valle del Jamuz leonés y cuenta con actividades para disfrutar del paisaje y el vino en familia. Paseos entre viñas, cata de vinos, maridajes con chocolate o buscar oro en el río con una batea son algunos de los planes para pasar una jornada diferente en este enclave perdido y con encanto rural junto al Monte Teleno.

Si algo nos ha enseñado la pandemia es que podemos encontrar nuevas formas de disfrutar al aire libre. Es lo que nos ha permitido encontrar lugares con encanto donde perderse sin necesidad de coger un avión y volar a miles de kilómetros de distancia. Uno de esos lugares es, sin duda, el Valle del Jamuz, un lugar lleno de historia donde aún se conservan restos de castillos medievales y donde podemos encontrar pequeños destellos de artesanía tradicional, como la alfarería o el tejido del lino. Ahora, además, gracias a la iniciativa de Fuentes del Silencio, también podemos ser testigos de la elaboración de vinos a partir de viñas recuperadas a causa del éxodo rural.

La bodega Fuentes del Silencio lleva casi diez años recuperando viñedos centenarios en el Valle del Jamuz leonés y cuenta con actividades para disfrutar del paisaje y el vino en familia.

Volver a adentrarse en un entorno así puede ser un plan perfecto para un fin de semana o, incluso, para unas vacaciones completas, por eso Fuentes del Silencio, que forma parte activa de este entramado rural y apuesta por recuperar no solo la actividad vitivinícola sino la vida en los pueblos del Jamuz, propone actividades que conectan a las personas con la naturaleza y con el vino.

Fuentes del Silencio cuenta con viñedos situados en terrenos que pertenecieron a antiguas minas de oro romanas, y pisar algunas de sus fincas durante un paseo guiado es una de las actividades que propone la bodega y que se pueden consultar desde su página web.

Paseo entre viñedos: Fuentes del Silencio propone un recorrido en 4×4 por las parcelas históricas de la bodega, para aprender más sobre el proceso de elaboración, y un paseo entre cepas que fueron plantadas a principios del siglo XX para conocer a fondo la elaboración del vino. Si el tiempo lo permite, se catará Mataperezosa en pleno viñedo. El recorrido termina en la bodega, descubriendo los secretos de la elaboración artesanal y disfrutando de una cata de vinos y un aperitivo con productos de la zona.

Duración de la visita: 2 horas aprox. con reserva previa y para un mínimo de 2 personas.

Precio: 45€ por persona.

Reviviendo una época “dorada”: Aprovechando el enclave único del viñedo de Fuentes del Silencio en el Valle del Jamuz, la bodega ha creado una actividad inusual que consiste en aprovechar el cauce del río Jamuz para buscar oro, al estilo de un bateador antiguo, en sus orillas. Ataviados con unas botas de goma y una batea, el objetivo es conseguir encontrar esa pepita escondida que vale una fortuna. Y después, independiente de cómo haya ido, habrá que celebrarlo con vino. Esta actividad depende del caudal del Jamuz, por lo que es preciso reservar previamente y consultar la disponibilidad para hacerla.

Duración de la visita: 2 horas aprox. e incluye la cata de varios vinos de la bodega y un aperitivo con productos tradicionales de la zona.

Precio: 70€ por persona.

Armonías con chocolate: Una inmersión en la forma de trabajar de Fuentes del Silencio y los vinos que resultan de una elaboración cuidada, que toma como materia prima uvas tradicionales del Jamuz. La bodega propone una unión gastronómica de vino y chocolate de mano de Santocildes, chocolatero tradicional leonés desde 1916. En esta fusión se descubren sensaciones únicas, sabores afines, aromas que armonizan entre el vino y el chocolate, y se aprende más sobre los matices de la cata sensorial.

Duración de la visita: 1,5 horas aprox. con reserva previa y para un mínimo de 2 personas.

Precio: 25€ por persona.

Además de estos planes, en el Valle se puede disfrutar de visitas culturales a municipios cercanos como Astorga y su palacio episcopal, cuyo interior diseñó Gaudí inspirándose en la tradición alfarera de la zona, acercarse a pueblos como Villanueva del Jamuz para ver los restos de su castillo medieval o visitar el Alfar Museo en Jiménez de Jamuz, que rinde homenaje a la artesanía alfarera, para reponer fuerzas en el célebre restaurante El Capricho. No muy lejos está La Bañeza, que invita a pasear por sus calles y acercarse a ver el artesonado mudéjar de la iglesia de Santa Colomba de la Vega.

Mencía, prieto picudo, doña blanca o godello componen las mezclas de vinos que han sorprendido a crítica y público: «Las Jaras» tinto y rosado, «Las Quintas», «Mataperezosa» o el exclusivo «La Gándara» son vinos con una personalidad marcada y singular, perfectos para disfrutar junto a la gastronomía de la región.

Fuentes del Silencio nace en 2013 en el Valle del Jamuz (en el sur de la provincia de León) de la mano de Miguel Ángel Alonso y María José Galera. El proyecto se fundamenta en la recuperación de viñas centenarias, alguna prefiloxéricas, y variedades ancestrales de la región: mencía, gran negro, alicante bouschet, palomino y doña blanca.

La bodega cuenta con 24 hectáreas repartidas en 120 parcelas situadas a los pies del monte Teleno, plantadas en una conducción tradicional conocida como vaso rastrero, un tipo de poda que requiere un minucioso trabajo en el viñedo por parte del equipo que encabeza Marta Ramas, que apuesta por la viticultura ecológica.

Los suelos sobre los que se asientan estos viñedos han sido calificados como “auroterroir” por la empresa californiana Biome Makers. Todavía con trazas de oro y metales pesados, por la presencia de la mina de oro más importante del Imperio Romano, tienen una selección única de levaduras y bacterias que lo convierten, por su biodiversidad, en uno de los terroirs más excepcionales del mundo.

Fuentes del Silencio, que forma parte de la Asociación Grandes Pagos de España desde 2019, busca mantener este patrimonio genético excepcional y estos viñedos centenarios, así como promover el trabajo y la economía de una zona olvidada.