Redacción | Enoturismo 360 ||
Pedro Ballesteros MW expuso su teoría del 50+50+50 para aumentar el prestigio de nuestros vinos en el mercado global, de la mano de los representantes de Vega Sicilia, Remírez de Ganuza y La Rioja Alta en Madrid Fusión.

El prestigio de los vinos españoles y la creación de valor fue el hilo conductor de una de las ponencias en Madrid Fusión The Wine Edition. La última jornada del congreso de vinos comenzó con la exposición de Pedro Ballesteros. El primer Master of Wine español desarrollaba en el escenario del congreso de vinos su teoría del 50+50+50, acompañado por Pablo Álvarez, de Vega Sicilia, Guillermo de Aranzábal, de La Rioja Alta, y José Ramón Urtasun, de Remírez de Ganuza.

Los países de primer orden son los que tienen una presencia relevante en los mercados globales del prestigio. Para ello, hay que unir calidad, cantidad y precio en una proporción casi alquímica: 50+50+50. “El prestigio de un país es como el amor, se consigue con la presencia”, decía Ballesteros. “Y para que haya presencia necesitas un volumen, porque si no, no estás en los mercados globales”.

España tiene todo lo necesario para ser líder en el vino de lujo, pero no lo ha conseguido aún. “Necesitamos marcas que sean capaces de portar nuestro prestigio por el mundo. Y para ello hacen falta vinos excelentes producidos en volumen suficiente”. Según Pedro Ballesteros MW, habría que crear el club de los 50-50-50: “50 marcas que vendan por el mundo más de 50.000 botellas a más de 50 euros la botella”.

Hasta hace poco este club tenía un solo integrante, Vega Sicilia. Hoy se unen otras dos bodegas. En esta cata magistral, Ballesteros realizó un repaso a las trayectorias de estos grandes bodegueros, catando los vinos que llevan el prestigio de lo mejor de España más allá de nuestras fronteras.

“El vino de natural no tiene nada, desde el cultivo todo está manejado. Los vinos de prestigio, los que tienen cierto volumen, van hacia conceptos más arriesgados que esa historia de ‘yo no hago nada’ o ‘tengo unos terrenos arcillocalcáreos’”, sentenciaba el experto junto a sus invitados. “Decir que hacer más vino es hacerlo peor es una majadería, el equilibrio y el entender las cosas es la única indicación de calidad válida”.

Sala de Catas de Madrid Fusión

“Para mí lo más importante ha sido viajar por el mundo entero, hay que escuchar y aprender para después tratar de identificar qué tienes tú, exponía José Ramón Urtasun, de Remírez de Ganuza. Los grandes vinos del mundo son vinos de guarda, los coleccionistas buscan determinadas añadas y eso habla de calidad, de equilibrio y estabilidad. “Reflejar el origen en un vino se puede hacer desde una sola parcela, pero también eligiendo las mejores uvas de cada viñedo, y ofrecer además una regularidad”, añadía el bodeguero riojano.

“Además de subir el precio, nosotros hemos cambiado la manera de hacer vino, hemos abiertos nuevos mercados y hemos ajustado otras variables. Todo eso en su conjunto es lo que nos ha permitido subir calidad y cantidad al nivel que está ahora”, defendía Guillermo de Aranzábal, de La Rioja Alta. “Lo que se busca con los grandes reservas 890 y 904 es un estilo característico y reconocible de vino. No obstante, hemos tardado 133 años en recibir 100 puntos Parker”.

“Vega Sicilia fue durante 70 años la única bodega de Ribera del Duero, estábamos ahí perdidos en una región de Castilla, y en todos estos años hemos tratado de recuperar la viña original y no hemos parado de movernos por todo el mundo, en un momento en el que nadie salía de España”, apuntaba Pablo Álvarez. Una oportunidad que esta gran bodega supo aprovechar al máximo y que hoy recoge sus frutos. “Nosotros apostamos por producciones más homogéneas; las grandes cosechas siempre han sido grandes también en cantidad, el éxito está en tener diferentes personalidades de la máxima calidad posible”. Sobre el tema del coleccionismo y las subastas de Fine Wines, Álvarez se mostró categórico: “Más que coleccionar, el vino hay que beberlo y disfrutarlo”.

El vino es una cuestión de gusto y los vinos jóvenes tienen el mismo valor que los viejos, es el consumidor el que debe conocer cuál es el momento idóneo de consumo. Según Pablo Álvarez, “es una cuestión de equilibrio, pero para estar en el mundo necesitas un vino que mejore con el tiempo”. “Una marca potente debe tener vocación de ser eterna”, concluía De Aranzábal.

Sobre la entrada de otras regiones en el universo de los vinos de prestigio, el representante de Vega Sicilia destacó que este es “un terreno resbaladizo”: “Hoy día se pueden hacer en todo el mundo muy buenos vinos, pero hay diferencia entre un muy buen vino y un gran vino. Estos últimos no se pueden hacer en todas partes. Lo fundamental es no hacer el tonto, hay que hacer lo que se debe hacer en cada sitio, más allá de las modas”.

“Ojalá que haya regiones nuevas que tengan la actitud de hacer grandes volúmenes a precios altos”, respondía el líder de La Rioja Alta. “Porque normalmente estas nuevas regiones están relacionadas con las pequeñas producciones. Hace falta ganar dinero para hacer grandes vinos. Se trata de un cambio de mentalidad”.

“Los grandes vinos son grandes por algo, ya sea históricamente, por venir de viñas viejas… hay factores que son imprescindibles. Una bodega de una región con menos tradición lo tiene más difícil, pero no es imposible”, opinó el portavoz de Remírez de Ganuza.

Pedro Ballesteros MW cerraba la cata magistral con una reflexión: “Estas tres bodegas llevan el nombre de España al sector del vino de prestigio y asumen esa responsabilidad; necesitamos que haya gente por el mundo que piense en nuestro país en términos de valor, porque tenemos un gran producto y para demostrarlo es fundamental esa visión empresarial, de proyecto y de volumen. El prestigio te lo da siempre la mirada del otro”.

La mañana del miércoles proseguía con el debate de Juancho Asenjo, sobre la creación de valor en el mundo del vino. El experto estuvo acompañado de Antonio Sorgato, director de Exportación de Toro Albalá, Xavier Ybargüengoitia, ex presidente de LVMH Estatesy Xandra Falcó, presidenta de Círculo Fortuny.

La creación de una cadena de valor en la industria es uno de los temas más candentes en el mundo del vino hoy. La competitividad de las bodegas y su rentabilidad, los modelos estratégicos existentes desde diferentes puntos de vista, la importancia de la excelencia, cómo se construye una marca con las características y tendencias del mercado vinícola global, fueron algunos de los temas que Asenjo puso sobre la mesa en esta sesión teórica.

¿Qué determina el éxito o el fracaso de una bodega? “El éxito se da cuando eres capaz de alcanzar un crecimiento rentable y sostenible”, respondía Ybargüengoitia. “Hay que tener una calidad constante, pero sobre todo hay que invertir dinero, hay que hacer promoción para que tu marca sea conocida, por eso no es fácil en zonas marginales”, añadía Sorgato. Falcó destacaba la creación de valor entorno a la marca: “El mejor ejemplo es Champagne, una región pequeña que ha sabido crear volumen y valor, y que actualmente genera más beneficio que España entera”.

“Estrategia, excelencia y marca son los tres pilares para generar valor, el resto es complementario”, recordaba el ex presidente de LVMH Estates. “El aura de la marca, la leyenda y la narrativa, es lo que va a ayudar a crear una experiencia única para el consumidor, y esta tiene que ser real, la podemos adornar, pero no inventar; el producto tiene que estar visible y accesible para el consumidor, y todo esto implica tiempo”.

“El consumidor busca algo excepcional y algo que poder trasladar a los suyos, por eso es importante tener las ideas claras y la historia que queremos contar”, aportaba el director de Exportación de Toro Albalá. Después, todo esto hay que mantenerlo, y esa es la segunda parte, sostenía Juancho Asenjo. “Estamos pasando de un consumidor que valora la calidad y la artesanía a un consumidor activista que defiende los valores del producto, de ahí que sea fundamental que la marca esté alineada con todo ello”, observaba la presidenta de Círculo Fortuny.

En lo que respecta al lujo, los expertos detectaron un cambio importante en el consumidor, más interesado hoy en la experiencia y el momento que en el producto en sí. Xandra Falcó expresó que tenemos rechazo a la palabra lujo y por eso hablamos de excelencia: “El nuevo lujo es la experiencia, y en este sentido Europa es algo así como el Silicon Valley del lujo; la gastronomía es un ejemplo de la democratización de este sector, y en el vino también está pasando: las grandes botellas rondan los 100 euros, son asequibles”.