Uva, origen y belleza del vino. Frescura, elegancia, aroma y sabor. Un carácter sin igual que da notoriedad al viñedo español, concediendo a la variedad Tempranillo su demarcación geográfica en veintiocho Denominaciones de Origen. De estos Consejos Reguladores que ampara cada uno un sello de garantía de la viticultura de su región, son doce quienes consideran a esta vid como fruto preferente para la elaboración de sus vinos.

Pero… como se suele decir en los bellos rincones que nos brinda nuestra España rural, «cada maestrillo tiene su librillo»; Ull de Lebre en la Denominación de Origen Cataluña y en la Denominación de Origen Calificada Priorat, Cencibel en La Mancha, Tinto de Madrid en la región madrileña, Tinta del País en el norte de la Ribera del Duero… incluso Tinta de Toro en la región zamorana que lleva su mismo nombre. Y es que la Tempranillo, en cada sitio tiene su sinonimia que identifica la identidad de cada uno de sus vinos.

El mágico mundo de la Tempranillo, que como su nombre indica está caracterizada por ser una variedad de uva de maduración temprana. Un carácter que la determina de interesantes cualidades como su sensibilidad y actitud en el suelo frente al clima, poco resistente a la sequía y las altas temperaturas; uva autóctona de la península ibérica que por su carácter, complejidad y capacidad organoléptica podríamos decir que es muy similar a la Touriga Nacional de nuestro país vecino Portugal.

Pero nuestra querida uva Tempranillo es nuestra alma más codiciada; ocupando más del 75% del viñedo español, su versatilidad y capacidad de elaborar vinos mono varietales y coupages de larga guarda en barricas aporta una actitud equilibrada, densidad óptima, suavidad y toques afrutados, que en vinos con la nomenclatura de “Reserva” y “Gran Reserva”, va a ofrecer un gusto aterciopelado en taninos en su envejecimiento. Pero la verdadera magia que tiene la uva… es la brujería de su piel; partiendo de que si diseccionamos cualquier uva todas son blancas…, el ollejo que la recubre, su piel, es realmente lo que aporta color y tanicidad al vino, por lo que si en el proceso de elaboración desechamos esa capa, vamos a obtener vinos blancos de Tempranillo muy elegantes, como el que pudimos degustar en una de las anteriores sesiones del Aula Cultural del Vino con Pago del Vicario como bodega invitada.

Más que enoturismo y maridaje, los vinos elaborados a partir de esta variedad de uva ofrecen un amplio abanico de posibilidades con los que disfrutar con los cinco sentidos. Monovarietales y coupages en los que la predominancia de la Tempranillo aporta una importante gama cromática y de carácter; blancos y tintos cuyo color que recuerda al manto de cereal y a los frutos rojos silvestres, respectivamente, y que siempre van a estar presentes también en su organoléptica, sutil acidez, equilibrio alcohólico que según su crianza en el tiempo va a determinar la densidad del propio vino. Tanicidad indescriptible, que viaja de los verdes a los aterciopelados pasando por astringentes y maduros. Sin lugar a duda un abanico de aromas y sabores completamente naturales procedentes de la propia uva y de las maderas que las atesoran durante su guarda tanto en lías como en crianza, que le otorga una amplia cobertura de acompañamiento gastronómico en degustaciones en familia, amigos y de negocios; una uva que sella con identidad la propuesta más exquisita.

Ignacio Isidoro Benítez Blanco
CEO | www.argataca.com