J.S.A. | Aranda de Duero ||
El Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero ha distinguido a Castilla Termal y a su presidente, Roberto García, con el Premio Herencia Ribera, un reconocimiento a su contribución al prestigio de la denominación como destino enoturístico, a la recuperación del patrimonio histórico y a la creación de experiencias vinculadas a la identidad del territorio.
El galardón fue entregado el viernes 4 de septiembre durante la IX Gran Fiesta de la Vendimia de Ribera del Duero, celebrada en Aranda de Duero. Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador, hizo entrega del premio a Roberto García en uno de los actos centrales de esta celebración, que reunió en la localidad burgalesa vino, cultura, música y tradición.
Un reconocimiento al compromiso territorial
El Premio Herencia Ribera reconoce una forma de entender el turismo basada en el respeto por el lugar y en la capacidad de convertir sus recursos en oportunidades de futuro. En el caso de Castilla Termal, el jurado ha valorado su contribución al fortalecimiento de la Ribera del Duero como destino de enoturismo de calidad, así como su compromiso con la recuperación y puesta en valor del patrimonio histórico.
La compañía comparte con la denominación una misma manera de interpretar el desarrollo turístico: partir de lo que ya existe, proteger la identidad local y proyectarla hacia el futuro. Una visión en la que la arquitectura, la historia, el paisaje, la gastronomía y el vino forman parte de una experiencia conjunta.
“Recibir este premio me enorgullece especialmente porque viene de nuestra tierra, de una tierra que admiro y respeto, pero, sobre todo, de la que me siento parte”, señaló Roberto García durante la entrega.
Una herencia construida durante generaciones
En su intervención, el presidente de Castilla Termal quiso poner el foco en el trabajo que precedió a la llegada de la compañía a la Ribera del Duero. Más que presentar el premio como resultado exclusivo de la actividad de la cadena, García reivindicó el legado construido durante generaciones por viticultores, familias y bodegas.
“Cuando nosotros llegamos a Ribera del Duero no llegamos a crear algo desde cero. Llegamos a una tierra que llevaba muchos años haciendo las cosas extraordinariamente bien”, afirmó.
Sus palabras reconocen la trayectoria de quienes impulsaron, hace más de cuatro décadas, una denominación de origen que hoy cuenta con reconocimiento internacional. Ese trabajo colectivo convirtió la cultura del vino en uno de los principales motores económicos, sociales y turísticos de la comarca.
Tres puertas de entrada a la Ribera
La vinculación de Castilla Termal con la Ribera del Duero se articula especialmente a través de tres establecimientos situados en enclaves de gran valor histórico y paisajístico:
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Castilla Termal Monasterio de Valbuena, en la provincia de Valladolid.
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Castilla Termal Palacio de Avellaneda, en Peñaranda de Duero, Burgos.
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Castilla Termal Burgo de Osma, en Soria.
Estos establecimientos no se plantean únicamente como alojamientos, sino como puntos de partida para descubrir las distintas caras de la denominación. Desde ellos, el visitante puede acercarse a bodegas, pueblos, paisajes, tradiciones y manifestaciones culturales que explican la personalidad de la Ribera del Duero.
Recuperar patrimonio para activar el territorio
Para Castilla Termal, la recuperación de edificios históricos va más allá de la conservación arquitectónica. El objetivo es que estos espacios vuelvan a integrarse en la vida de su entorno y contribuyan a generar actividad económica, empleo, visibilidad y nuevas oportunidades para la población local.
Esta filosofía convierte al hotel en una herramienta de dinamización territorial. El alojamiento deja de ser un destino aislado para convertirse en una puerta de entrada a la comarca y en un espacio desde el que el viajero puede comprender el paisaje y la historia que lo rodean.
“La Ribera del Duero es un magnífico ejemplo de cómo una tierra puede convertirse en una referencia internacional. Pero hay que mojarse, hay que sumar y hay que empujar”, afirmó Roberto García.
El enoturismo como experiencia global
El reconocimiento llega en un momento de consolidación del enoturismo como una experiencia que integra mucho más que la visita a una bodega. La cultura del vino se relaciona cada vez más con el patrimonio, el bienestar, la gastronomía, la naturaleza y el descanso.
En este contexto, la propuesta de Castilla Termal encaja con una visión integral del destino: alojarse en un edificio histórico, disfrutar de sus espacios termales, conocer la cocina local y recorrer viñedos y bodegas permite al visitante acercarse a la Ribera desde diferentes perspectivas.
La IX Gran Fiesta de la Vendimia, en la que se entregó el premio, reforzó precisamente esa dimensión colectiva del territorio. Celebrada del 2 al 5 de septiembre en Aranda de Duero, la cita combinó catas, conciertos, actividades tradicionales y propuestas gastronómicas, con la participación de bodegas de la denominación.cadenaser+1
El Premio Herencia Ribera simboliza también una responsabilidad: la de conservar el legado recibido y hacerlo evolucionar sin perder su esencia. En la Ribera del Duero, esa herencia está formada por viñedos, bodegas, pueblos, monasterios, palacios, caminos y una cultura vitivinícola construida con el esfuerzo de generaciones.
Roberto García resumió esta idea al finalizar su intervención: “La herencia no es algo que recibimos y guardamos. Es algo que recibimos, transformamos y dejamos a los que vienen detrás un poco mejor de como lo hemos encontrado”.
Con este reconocimiento, el Consejo Regulador pone en valor una manera de hacer enoturismo que entiende el territorio como protagonista. Castilla Termal recibe el Premio Herencia Ribera por haber contribuido a que la Ribera del Duero no solo se visite, sino que también se interprete, se disfrute y se proyecte hacia el futuro.