AdeP | Enoturismo 360 ||
De la mano de nuestro buen amigo Fernando, que siempre nos sorprende, incluso en restauración, probamos el singular restaurante Las Candelas de Zaragoza, cada vez más de moda.

Nos recibe Ana, alma mater del local, Vicepresidenta de la Asociación de Restaurantes de España y muy curtida en todos los eventos culinarios de nuestro país, como Madrid Fusión y ferias y concursos gastronómicos nacionales e internacionales, vendiendo siempre Aragón como insignia de su cultura del buen comer. Simpática, abierta, innovadora y transgresora de la buena fusión, nos decidimos por la sorpresa y así, pedirle un “Omakase” a su entera discreción.

Uno espera una cocina tradicional aragonesa, pero nos ha captado y decide proponernos sus nuevos experimentos culinarios, sin dejar atrás sus reconocidos méritos de platos de fondo de armario, siempre excelentes.

Abrimos boca con unos cardos de excelente textura con gambas, tan ricos que sobraban las gambas, aunque no les hacían daño. Seguimos con una reciente elaboración suya de hamburguesa de borraja, muy lograda. Canelón de pato con manzana caramelizada y foie (única palabra que se escribe con tres vocales y se pronuncia con las otras dos), realmente rico.

Para no dejar de lado nuestro querido Aragón, le siguen unas madejas de cordero (zarajos) con un sabroso Ali Oli, equilibrado, y una bandejita de longaniza de Graus con morcilla, haciendo patria oscense y, a mucha honra.

Ya, poniéndonos serios, nos fuimos a por unas migas con huevo y chistorra, para hacer un guiño a los navarricos presentes, que bien que lo agradecieron. No podían faltar los callos, a pesar de los exigentes madrileños en la mesa, especialidad de su madre, que degustamos con buen paladar y sin echar de menos a los de la verbena de la Paloma que Bretón hubiera puesto música y aplaudido después.

Sonaba el primer aviso taurino y, rematamos la suerte, con un jarrete de cordero que fue cayendo tendón a tendón.

Los lamineros del grupo, reclamaban los postres, y disfrutamos, antes de ir al cadalso, de la tarta de queso, curado e intenso, unas natillas, una trufa con nata y por aquello de la imposible digestión, el sorbete de helado de mojito. Todo excelente, en buen ambiente y con las idas y venidas de Ana que amenizaban el buen yantar.

De bodega nos decantamos por una garnacha de Calatayud y una Cariñena de su homónima región.

Muy recomendable.

Restaurante “Las Candelas”
Calle del Maestro Mingote, 3
Barrio de las Fuentes
Zaragoza

Tiempo de Vinos