J.S.A. | Tomelloso||
Tomelloso llegó a tener casi un centenario de chimeneas apuntando al cielo, testimonio ladrillo a ladrillo de la industria que lo convirtió en el mayor productor de alcohol vínico del mundo. Hoy, recorrer su Ruta de las Chimeneas es certificar, casi pieza a pieza, la historia de un modelo industrial que transformó el vino en alcohol y holandas para abastecer el comercio mediterráneo y europeo.

La gran actividad vitivinícola de Tomelloso desde la segunda mitad del siglo XIX obligó a buscar salida a una producción que crecía más rápida que la demanda de vino embotellado. Junto a las bodegas empezaron a levantarse destilerías capaces de transformar el vino en alcohol mediante columnas y tuberías de cobre y acero. Con el auge del comercio entre los países mediterráneos y el norte de Europa, aquel alcohol se volvió un producto codiciado: se añadía a los vinos para que resistieran las largas travesías marítimas, y las holandas —alcoholes finos de esa destilación— servían de base para elaborar aguardientes. Hacia 1950, el pueblo contaba con 60 destilerías en pleno funcionamiento y cerca de cien chimeneas dominando el paisaje urbano.

Por qué tan altas: física, humo y estética

Que estas torres alcanzaran los 20, 30 o hasta 45 metros no era vanidad, sino pura física aplicada: cuanto más alta la chimenea, mayor la aspiración que generaba, evitando que el humo cayera y ennegreciera calles y fachadas. Las más altas evacuaban el humo de las grandes calderas, alimentadas con leña o carbón, que calentaban el serpentín de destilación. Las más bajas, por debajo de los 20 metros, servían a aparatos más modestos dedicados a obtener holandas y aguardientes, y solían quemar leña, de humo más ligero que el carbón.

Levantarlas exigía maestros muy especializados: no bastaba con que evacuaran el humo, también debían ser el elemento más vistoso de la destilería. Se construirían con el ladrillo de mejor calidad y un mortero especial —arena, cal y cemento— capaz de aguantar el calor sin resquebrajarse.

Goig y Jareño: los apellidos que firman el skyline de Tomelloso

Dos apellidos se repiten en casi todas las historias: Goig y Jareño. El valenciano José Goig Lorente escribió, entre otros, una de las primeras chimeneas que construyó en la ciudad, la de Casajuana (1942, 35 metros), a la que en 1951 se sumó una segunda obra de Antonio Jareño; juntas forman uno de los mejores conjuntos de patrimonio industrial de Tomelloso. El propio Jareño dejó su firma más personal en la chimenea de Fábregas (1964), de más de 40 metros, a la que él mismo llamaba “la retorcida”.

Bajo la dirección de Goig se levantó también, en 1950, la de Domecq, encargada por la destilería jerezana del mismo nombre y considerada una de las más destacadas de toda La Mancha. Las dos pequeñas “Gemelas” de la bodega Peinado recuerdan, por su parte, que la actividad destiladora en Tomelloso arrancó ya en 1820. Y la última chimenea que se construyó en la ciudad, la de Eugenio Navarro, es también la más singular: se levantó en 1985 no para dar salida al humo de una destilería, sino en memoria de otra chimenea derribada en la antigua bodega de Antonio Fábregas, y hoy cumple una función bastante más. doméstica: la salida de humos de la caldera de calefacción de una urbanización.

Hoy, ninguna de estas chimeneas destila ya alcohol: los depósitos de acero inoxidable y los sistemas de temperatura controlada dejaron obsoleto aquel modelo industrial. Pero las 19 grandes y las 13 pequeñas que se conservan siguen ahí, firmes, señalando el sitio exacto donde estuvo cada destilería, aunque el edificio haya desaparecido. Recorrer la Ruta de las Chimeneas es, en realidad, leer un plano invisible de lo que fue Tomelloso: un pueblo que, para dar salida a su vino, aprendió a levantar ladrillo hacia el cielo con la misma paciencia con la que sus vecinos excavaban cuevas bajo sus pies.

Claves para el visitante

  • Qué ver: 19 chimeneas grandes y 13 pequeñas distribuidas por el casco urbano, algunas de más de 40 metros.

  • Por qué importan: marcan la ubicación exacta de las antiguas destilerías y narran el auge del alcohol vínico en Tomelloso.

  • Hitos destacados: Casajuana (1942, 35 m), Fábregas “la retorcida” (1964, >40 m), Domecq (1950), las “Gemelas” de Peinado y la singular Eugenio Navarro (1985).

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